I
Estoy entre las piedras
caidas de un muro
y veo el Sol
Veo cómo la tranquilidad
se oculta tras las nubes
de polvo.
Y estoy echado
entre tierras de todo tipo
y me siento bien
aquí cansado.
Veo el polvo que me asfixia
y siento cómo mi lengua
se hace dura
como cuando dejé de besar.
La arena se ha extraviado en mis orejas
y tengo ganas de no limpiarla
de convertirme en tierra
con las piedras duras.
II
Yo no pienso quedarme aquí
pienso en otro tipo de tierras;
sueño con bosques y flores serenas
siento el aroma sincero del alhelí.
Las ventanas negras se han abierto,
las cartas de mi hermana han suspirado,
me han inflado las fosas
me han hecho sentir el aire del desierto.
La felicidad tiene algo que ver
con el viento fuerte
con pulverizar gotas de muerte.
He vuelto a sentir la cama de mis padres.
III
Al tiempo se le ha ocurrido pasar
y no ha vuelto
Las esquinas se han doblado y
de viejas no han podido enderezarse.
Cuánto falta todavía por mirar
y ya me he sorprendido
de ver cadáveres de luz
por ahí tendidos.
Como si el mundo se muriera
por tener oscuridad
estando tan oscuro.
He pasado por el miedo a ser de luz,
a despertar con una flecha
de sombra, atravesado.
IV
Me he dormido sin frontera ya
tres noches,
pujando por despertar
sin tanto vidrio
entre mi cara y el Sol,
con más nubes de color.
Cuatro días de viejo
tiene ya mi reloj.
V
El mundo ha despertado bailando,
la mano de mi padre
y el grito de mi madre,
el susto de mi hermano
y el sueño de mi hermana,
los bostezos y la leche caliente
de un domingo viviente,
como Dios, así de fuerte.
Cómo nos une en la mañana
la vida del mundo.
VI
Quién quiere dejar de ser poeta,
quién ha dicho nunca escribiré.
Si alguien ha querido hacer
creer que no escribe,
¿quién puede jurar su no a los versos?
¿Acaso los han visto todo el día?
Las horas del soñar no los han visto.
Todo el verdor se ha puesto de blanco
y ha guardado en sus cristales
bibliotecas.
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