Pentagrama para cantar el día

I

El reloj ha llenado la niebla de apuro
y las figuras se han rasgado en la prisa
La elocuencia fértil de las nubes
me ha hecho
brotar amor en todo el cuerpo;
estremecido me he puesto a sonreir.

En medio de una agonía gastada
de papeles rafagueados
surge sereno el verdugo del tiempo
y espantósamente dibuja en silencio
un signo de ternura
con su arma de asesino.

Las compuertas han dragado
el aire de mis fosas
y se han delimitado los
brotes del cansancio,
los flujos han cesado almidonados y
el verdor
ha brillado en lo nocturno.

II

La extrañeza de mirar lleno de envidia
la vivienda del zorro de alquitrán
ha expandido
sin certeza la amargura
de creer en un lobo solitario.

Amanecí con aire quejumbroso;
más distante,
perforado sin tuertez
a verme tanto
como el agua polvorienta
hace lo suyo.

III

Yo no canto, mi razón hace rebaño.

IV

Es austero pájaro alumbrándose va a su
nido
embadurnado de preciosas prendas de
oro,
con el alma regiamente emponzoñada
se enjaula para siempre en las montañas.

V

¿Para qué hablo si no quiero?
Es extraño y sin aliento,
sin explicación
sin pensamiento,
¿cuánto de lagarto emplumado
hay en mi hablar?

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