La verdad de tener apuros atragantados
atravesando las palabras
que no llegan a salir,
muere en el abismo tentador de los repleto
y nace
como un ogro de cristal
el momento encaramado de un amor.
Signo de rabia, que suele ser saciado
con el oro desgastante de una luz,
que abierta a la vida se hace galas y
cruza
intempestivamente el Sol.
A kilómetros de agua de la Luna se
percibe
cómo el pez (alborotado) se distancia
del fulgor de las miradas.
Y en un rincón de gotas verdes
las hojas de un árbol juegan con sus
rasgos
y lo vuelven natural.
No se puede negar el placer
de permanecer indeciso
aunque la vida se te vaya
por oleadas,
aunque te vayas
cansando
como un ave
surcando el cielo;
salada de tener tanto océano debajo.
Cada vez es más dificil
abrir las alas,
mantener la cabeza
quieta en el vuelo;
el viento se mete por los ojos
y cosquillea el vientre
como el agua cuando ahoga.
Así de fresco y mortal.
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